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LOS OMEGA 3 Y EL BUEN FUNCIONAMIENTO INTESTINAL

in No solo plantas
Cada vez con más insistencia se habla de Omega 3 de manera inapropiada. Parece casi que la falta de Omega 3 provoca pandemias y todo esto se ha acentuado y amplificado cuando en Italia llegó la moda de la dieta "Zona" y desde que algunos investigadores descubrieron que el uso de los Omega 3 ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares.
Se sabe que los ácidos grasos saturados se oxidan con dificultad (se enrancian lentamente) y son sólidos a temperatura ambiente: grasas animales, embutidos, mantequilla. Los monoinsaturados, los omega 9, se solidifican por debajo de 5 grados centígrados: aceite de oliva virgen extra, y es mejor consumirlos en el año de producción porque se oxidan más fácilmente. Los poliinsaturados se oxidan muy fácilmente y rápidamente (el pescado es rico en omega 3 y "huele mal" porque se enrancia rápidamente) y permanecen fluidos incluso a bajas temperaturas. 
Es mejor poner un poco de orden y entender que, como siempre, "la verdad está en el medio" y nuestro cuerpo necesita tanto ácidos grasos saturados, como ácidos grasos monoinsaturados y ácidos grasos poliinsaturados en las proporciones correctas. La falta de ácidos grasos saturados provoca graves problemas en las células nerviosas, de igual manera un exceso en el consumo de Omega 6 (semillas oleaginosas) puede provocar una sobreproducción de ácido araquidónico y por tanto desencadenar reacciones inflamatorias e importantes reacciones alérgicas. 
La alimentación normal de un italiano es normalmente rica en ácidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva virgen extra) y saturados (grasas animales entre las que una buena parte está concentrada en la mantequilla).
Como todos sabemos, los ácidos grasos saturados, si están en exceso, y este es el punto, provocan una producción de prostaglandinas inflamatorias e inhiben la producción de enzimas capaces de metabolizar los ácidos grasos mono y poliinsaturados (delta-6-desaturasas y elongasas) de tipo 3 y 6.
Los americanos, teniendo una alimentación basada ciertamente no en la dieta mediterránea y el aceite de oliva, y por el contrario teniendo una dieta rica en ácidos grasos saturados, han perdido en parte la capacidad de metabolizar correctamente los ácidos grasos poliinsaturados; de aquí nace la tendencia que les enseña a usar EPA y DHA como resultado de la transformación de los Omega 3 en el cuerpo. El americano medio es incapaz por tanto de transformar los ácidos grasos esenciales originales porque ya no tiene enzimas para transformarlos.
El italiano, gracias a una alimentación menos rica en ácidos grasos saturados (respecto al americano) y gracias al uso de aceite de oliva, no ha perdido las enzimas de transformación y es por tanto oportuno enseñarle a asumir una justa proporción de Omega 9, 3 y 6. Sin embargo, si al italiano le proporcionamos (como predica la dieta "Zona" y algunos cardiólogos) suplementación de EPA y DHA, obligamos al cuerpo a perder las enzimas de transformación, por lo que a medio plazo haremos daño tanto a los seguidores de esta metodología como a los cardiópatas jóvenes (menos de 65 años) y a los recién nacidos a quienes se les prescriben alimentos complementarios ricos en EPA y DHA.
Es fundamental entender que nuestro cuerpo necesita un aporte medio de ácidos grasos saturados alrededor del 10% del total de lípidos ingeridos, un 50% de ácidos grasos omega 3 y 6, repartidos equitativamente, y un aporte del 40% de ácidos grasos omega 9, sin sustituir las transformaciones enzimáticas. Una alimentación tan equilibrada en lípidos evitará, en parte, la hipercolesterolemia.
Por tanto, un 40% de buen aceite de oliva virgen extra, un 25% de aceite de semillas oleaginosas tales como: almendras dulces, sésamo, cártamo, girasol, maíz, soja (tanto maíz como soja deben llevar la indicación "no OGM") que expresan los omega 6, y un 25% de aceite de colza des-erucicado o mejor aún las SEMILLAS DE LINO PARTIDAS MECÁNICAMENTE y conservadas bajo gas inerte para ralentizar su oxidación, riquísimas en Omega 3 por antonomasia. Se piensa que 2 cucharadas de semillas de lino tipo oro expresan aproximadamente 4 gramos de omega 3 (tanto linoleico como linolénico) y superan ampliamente la necesidad diaria.
 No se use el aceite de lino por vía interna ya que es tóxico.
Nuestros abuelos ponían a remojo las semillas de lino durante la noche para que se hincharan y rompieran el tegumento externo que es gastroresistente. La papilla rica en gel viscoso así obtenida se usaba como purgante para las vacas o como cataplasma para aplicar en los bronquios para desinflamarlos (bronquitis, neumonías, etc.) gracias a la capacidad de los omega 3 de estimular la producción de prostaglandinas antiinflamatorias.
Hoy no es el caso de usar estas semillas, de color marrón, e ingerir esta papilla repugnante para reeducar el tránsito intestinal (43% de fibras), para captar el colesterol en exceso y para desinflamar el colon aportando los omega 3 tan valiosos. Los alemanes enseñan: desde hace tiempo usan semillas de lino tipo oro (más ricas en fibras), las parten mecánicamente y las conservan en bolsas bajo gas inerte (ligeramente hinchadas y que no dejan filtrar la luz solar, de lo contrario se oxidarían).